Llegas un buen día, llamas a la puerta, yo tan estúpida te dejo pasar,
eras un vendedor de "tonterías" y de unas cuántas "novedades"
al hablar, escúpias verdades y tus palabras llegaban a la herida
vendías tantas cosas excepto libertad.
Despúes seguí tu juego y deje que terminarás de hablar
he de confesar que nunca me aburrí, pero además no paraba de reír.
Me preguntaba de dónde sacabas tantas cosas.
La respuesta aún no ha llegado...
Pero perdí la razón
